La filosofía griega pareciera a primera vista ser solo un conjunto de ideas remotas, de hombres en bata y con mucho tiempo libre, que no aportan nada a nuestra actualidad, pero nos daremos cuenta que no hay nada más alejado de la realidad que esto.
Conceptos claves como areté y eudaimonía, se tornan profundamente útiles para pensar los desafíos actuales que Colombia tiene como país para la construcción de la tan anhelada paz que durante cientos de años se ha buscado llevar a la realidad, como bien afirma Epicúreo, “Vacío es el discurso de aquel filósofo mediante cuya palabra no se cura ninguna pasión de los hombres. Pues, así como la medicina no tiene ninguna utilidad si no expulsa las enfermedades del cuerpo, así tampoco la tiene la filosofía si no expulsa las pasiones del alma”. Esto implica que la virtud debe llevarse a hábitos, prácticas y decisiones reales dentro de la familia y la comunidad.
Esto es lo que podríamos lograr por medio del estudio de la filosofía griega en nuestros centros educativos y abrir espacios de dialogo en nuestras comunidades. Entre algunos de los beneficios que tenemos de ella está la generación de hábitos argumentativos, el pensamiento crítico como herramienta para poder educar nuestras emociones y reflexionar activamente en nuestras acciones y las consecuencias de estas, palabras clave como:
Areté (ἀρετή), entendida como la excelencia del carácter, o la construcción de una vida virtuosa, nos permiten pensar en una formación que no solo transmita contenidos, sino que se encargue también de formar ciudadanos capaces de reflexionar en sus acciones y en cómo actuar en el entorno que los rodea, como afirman Suárez Velásquez, L. A., y Román Negroni, J. I., “esta vida virtuosa consistirá en el establecimiento de buenos hábitos por parte del hombre, hábitos que lo ayuden a gobernar no solo en la sociedad, sino también a gobernar su propia vida”.
En un contexto colombiano, marcado por dinámicas donde muchas agresiones no solo ocurren entre desconocidos sino dentro del hogar, la formación en areté adquiere una urgencia particular. Según datos recientes, en los primeros dos meses de 2025 hubo 8.666 casos de lesiones no fatales por violencia intrafamiliar, de los cuales 6.587 víctimas fueron mujeres, según el Instituto Nacional de Medicina Legal. Esta cifra revela una problemática profunda: la violencia no es únicamente un asunto público, sino que inicia en el espacio familiar, el primer lugar donde debería cultivarse la virtud. formaríamos personas que no solo se autocontrolan, sino que también saben deliberar: por ejemplo, en familias afectadas por violencia doméstica, una educación en virtud podría promover comportamientos no violentos, comunicación respetuosa, empatía, límites y resolución pacífica de conflictos.
Eudaimonía (εὐδαιμονία), entendida en Aristóteles como el fin de fines, no se reduce únicamente a alcanzar placer o bienestar efímero, sino más bien a vivir de manera plena y siempre orientada hacia la generación de areté (virtud). Esta perspectiva se ve claramente reforzada cuando recordamos que, “con Aristóteles somos testigos de una ética que se fundamenta en el vivir bien y en el obrar bien, es decir, en la eudaimonía y en la construcción de un êthos virtuoso, más que en determinar qué es la virtud misma” (John Didier Anaya, 2011, p. 3). Desde esta visión, la paz no puede ser vista solo como ausencia de del conflicto, sino más bien como la construcción de vidas orientadas a vivir y actuar responsablemente en comunidad.
De manera tal que la areté (virtud), enseñada de forma correcta en nuestras instituciones educativas y en espacios comunitarios en barrios y veredas llevaría a los estudiantes a reflexionar desde acciones cotidianas como comunicarse con respeto al enfrentar una discusión familiar, o resistir el impulso violento incluso en momentos de mucha tensión. En cuanto al concepto de eudaimonía, podríamos ver grupos de estudiantes y comunidades que se unen para involucrarse en iniciativas que aborden el problema de la violencia intrafamiliar, promoviendo grupos de apoyo, espacios de diálogo o campañas escolares de prevención.
Esta visión encuentra un soporte interesante en la sabiduría bíblica, que afirma que “Instruye al niño en su camino; y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6, RVR). Es de resaltar la importancia de formar el carácter desde la niñez, y cómo esto concuerda con la idea griega de que la virtud es un hábito que se cultiva con el tiempo.
De manera tal que el aporte que ofrecen estos pensadores a la construcción de la paz que necesitamos en nuestro país es hacer posible formar bases sólidas desde la educación y la familia. Si estudiamos y aplicamos estos conceptos en nuestras instituciones educativas y en iniciativas comunitarias, podremos provocar procesos formativos que transformen la manera en que las personas piensan y actúan, de modo que al crecer se conviertan en ciudadanos más justos, responsables y orientados al bien común. Además, aplicar estas virtudes en el ámbito familiar contribuiría activamente a reducir la violencia intrafamiliar y a reconstruir relaciones más sanas.
Referencias
- Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. (2025). Boletín estadístico mensual: Lesiones no fatales, febrero 2025.
- Suárez Velásquez, L. A. & Román Negroni, J. I. (2022). Aproximaciones sobre el concepto de virtud (areté)
- Anaya, J. D. (2011). Êthos y eudaimonía en la Ethika de Aristóteles
- García, I., & García, P. (2020). Materiales didácticos de filosofía helenística (pp. 43–63). Ediciones Universidad de Salamanca.
- Mas Torres, S. (2009). Filosofía helenística: selección de textos (pp. 9–25).
- Reina-Valera. (1960). Santa Biblia (RVR1960). BibleGateway
- Castillo, D. (2025). Linea-tiempo-filosofia-paz-Colombia [Imagen]. Canva.